Anatomía de un secreto

NOVIA

Redacción: Laura Pinillos

Ann Lowe diseñó un vestido de factura impecable que marcó una época. Proveniente de una familia de esclavos, su ascendencia afroamericana y su color de piel hicieron que ni la prensa, ni la historia, reconocieran su trabajo



 Diseño en color crema adornado con flores de Ann Lowe

Aparecen John F. Kennedy y Jackie Kennedy el día de su boda

Es incontestable. Jackie Kennedy ha sido una de las mujeres más elegantes de todos los tiempos y muchos de sus looks forman parte del imaginario colectivo. El recuerdo es nítido cuando se piensa en la trágica muerte del presidente Kennedy e imborrable es la imagen del vibrante traje dos piezas rosa, confeccionado en tweed y firmado por Chanel, que la primera dama vistió el 22 de noviembre de 1963. Uno que decidió no quitarse -incluso impregnado de sangre-, para que todo el mundo pudiera ver lo que le había pasado a su marido. También, muchos conocen la anécdota del traje que Givenchy le confeccionó, en una noche, para el funeral de estado de su marido y basta entrar hoy en la web de Gucci para constatar la predilección de Jackie por uno de los bolsos de la etiqueta italiana, que treinta años después de su muerte, sigue llevando su nombre. De su vestido de novia, a pesar de haber sido imitado en incesantes ocasiones, pocos saben quien lo firmó.

Era 12 de septiembre de 1953 y en una de las iglesias más antiguas de Rhode Island sucedió  el acontecimiento social del siglo XX, una unión, la de Jackeline Bouvier y John Kennedy, que como la revista ‘Life’ recogió alcanzó la misma magnitud que una coronación y de la que fueron testigos más de 1.200 invitados. El romance de la pareja había comenzado apenas un año atrás e interesó a la prensa y la sociedad desde el primer momento.

Por aquel entonces la primera dama era una conocida entusiasta de la moda y la confección francesa. Así lo demostraba incesantemente con las piezas que elegía para acompañar a su marido en los actos de campaña, por lo que, no sorprende que en un primer momento, quisiera escoger para el día de su boda un diseño de factura francesa. Sin embargo, fue su suegro, Joseph P. Kennedy, quién la convenció para lucir una etiqueta nacional

La mejor propuesta

Se barajaron diferentes nombres, y entre otros se propuso el de la diseñadora Pauline Trigère, una modista americana nacida en Francia cuya popularidad iba en aumento. Sin embargo, la madre de la novia, Janet Lee Bouvier, tenía otros planes y desde el primer momento supo quién sería la persona encargada de confeccionar el traje para un día tan señalado en la vida su hija.

El legado de Ann Lowe

El nombre elegido fue el de Ann Lowe, uno que no ha pasado a la historia, por un insultante motivo: su color de piel. De ascendencia afroamericana, la modista había diseñado para Janet diferentes piezas, y en concreto, su vestido de novia para su segundo matrimonio con Hugh D. Auchincloss, por esa razón, la de su innegable calidad de confección, la escogieron, aunque algunos expertos apuntan también a otro motivo que afectaba al bolsillo. “Al final, Ann les cobrará menos por confeccionar el vestido, porque lo que le obsesionaba era complacer a sus clientas”, tal y como señala Julia Fayes Smith en su biografía sobre la diseñadora: Ann Lowe: America’s Forgotten designer (CreateSpace Independent, 2016). Exactamente la señora Kennedy pagó por el vestido 500 dólares de la época, a su modista le costó dos meses confeccionarlo y su valor real, según los expertos, debería haber sido de 700. 

Según explica la periodista Leticia Garcia en su libro Batallón de Modistillas (Carpe Noctem, 2022) el coste real fue mayor. El taller de Lowe se inundó apenas dos semanas antes de la boda, dejando el vestido de la novia y el de las 10 damas de honor que también tenía a su cargo, totalmente destrozados. Lo que obligó a Lowe a volver a iniciar el proceso desde el principio, en un tiempo récord y ocuparse de todos los gastos que esto suponía.

Eliminar el prejuicio

Lowe no buscaba fama o dinero pero si que deseaba «demostrar que un negro puede convertirse en un diseñador de moda importante». A pesar de ello, no fue una mujer particularmente combativa y sólo dio un golpe sobre la mesa, cuando la diseñadora se encontraba en la puerta de la primera dama para entregar el vestido y le comunicaron que debía entrar por la puerta del servicio, hecho al que se negó rotundamente.

“La señora Kennedy llevaba un increíble vestido de tafetán de seda con un corpiño entallado adornado con tiras entrelazadas de pliegues, rematado con un escote cuadrado y una falda abullonada diseñado por una modista de color” así describía The New York Times el vestido en 1953. La única referencia hacia su modista eran las cuatro palabras que aludían a su color de piel, reduciendo así su impecable trabajo.

No fue entonces, ni tampoco ahora, el mérito reconocido. Ningún medio escribió el nombre de Ann Lowe sobre el papel y ni siquiera, a día de hoy, en el museo de presidencia de JKF de Boston aparece escrito en la cartela que describe sus vestidos.

Cada detalle a medida

Observar cada detalle de aquel traje, propicia nuevas formas de contemplarlo. El atuendo tomaba inspiración del look nupcial que llevó la madre de la novia. Confeccionado a partir de tafetán en seda de color marfil sumaba un total de 50 metros de tela y bordados exquisitos traídos desde Venecia. La silueta estaba compuesta por un escote en forma de barco con mini mangas que caían sobre los hombros, un cuerpo ceñido con costuras drapeadas y un corte en la cintura que acaba con una voluminosa falda de silueta de princesa. Si estos detalles nos parecen escasos, decir que la falda incluía tablas entrelazadas, rosetones bordados a mano y pequeñas flores de cera.

La tradición de llevar algo prestado, también fue satisfecha por la novia, con un velo perteneciente a su abuela, que lució sin transformaciones ni cambios en su composición. Fabricado con un tejido de tul, estaba decorado con retales de encaje floral y plumeti en relieve. La señora Kennedy lo llevó cubriendo parte del cabello y enganchado con una tiara de flores creada para la ocasión.

Jackie no fue la única que requirió de sus servicios. En la lista de clientela de Lowe aparecen apellidos tan reconocibles como Roosevelt, Rockefeller y DuPont. O incluso Olivia de Havilland, quién llevó un traje confeccionado por ella para recoger su estatuilla de los Óscar en 1947. 

Vestido de novia con flores de Sophie et Voilá

Fotografía Ann Lowe rematando el vestido de su clienta en su taller en Lexington Avenue

Un hecho histórico

Podríamos decir que la modista logró un hito histórico: fue la primera diseñadora afroamericana en lograr vestir a las mujeres blancas, sobre todo de la alta sociedad. Y no solo eso, consiguió abrir su propia boutique en un distrito adinerado, concretamente en el número 558 de la calle Madison Avenue, en la ciudad de Nueva York. Descendiente de una familia de esclavas que compraron su libertad cosiendo para terceros, Lowe había estudiado diseño de moda por sí misma. 

El Saturday Evening Post la definió como «el secreto mejor guardado de la sociedad» y no es para menos. Paradójicamente, cuanto más aumentaba su fama, más disminuía su capital. Sus clientas no estaban dispuestas a pagar el mismo precio por sus diseñoslo que costaba una creación de Dior o Chanel, aunque contase con las mismas características de calidad. En 1963 tuvo que cerrar su tienda ya que no le salían los números. Cinco años después, recibió una donación anónima para reflotar su negocio, la cual hasta el día de hoy no se sabe quién la realizó, pero Ann siempre sospechó de la señora Kennedy.

Ann Lowe no fue la única

Como muchos otros artistas, Ann Lowe no tuvo el reconocimiento que debía mientras estuvo en vida. Pero no es nuevo decir que muchos diseñadores, debido a su origen y su color de piel, a día de hoy, tienen mayores dificultades para ser reconocidos. Durante la Semana de la Moda de Nueva York del año 2022 el 25% de los diseñadores que participaban eran de raíces negras, un porcentaje que se multiplicó en los últimos años gracias a los movimeintos del Black in Fashion Council, una fundación que vela por las oportunidades de la gente de color.

Se trataba de todo un logro pues, en una exposición de Fashion Insituto of Technology revelaba un dato escalofriante correspondiente al ejercicio de 2016-2017: sólo el 1% de los diseñadores que participan en las principales pasarelas del mundo (Paris, Milán, Nueva York y Londres) eran negros. En España, por ejemplo, no hay ninguno si atendemos a las pasarelas de Madrid y Barcelona en 2024.

No podemos tratar esto como cosa del pasado, Olivier Roustaing fue uno de los primeros diseñadores negros que tomó el mando de una de las grandes casas de alta costura, Balmain. Grace Wales Bonner, ha sido, en 2016, la primera mujer de color ganadora del LVMH Prize, en 2021 Dapper Dan se convertía en el primer diseñador negro en recibir el premio a toda una trayectoria profesional del CFDA… Los techos de cristal para las personas negras siguen tratándose como un ‘debate abierto’ pero aquí no hay nada que debatir, sencillamente, hay que cambiar el rumbo.

Retrato de la primera dama de Estados Unidos con su vestido de novia a detalle

El reconocido diseñador Virgil Abloh fue el primer director creativo afrodescendiente al frente de la línea masculina de Louis Vuitton