La boda de Ainoha y Vicente: mucho amor, mucho estilo y una fiesta de diez

Redacción: Redacción
Hay bodas que se recuerdan por lo que pasó y otras por cómo hicieron sentir. La de Ainhoa y Vicente pertenece a las dos categorías: una celebración elegante, romántica y llena de pequeños detalles que hablaban de ellos. Desde una ceremonia cargada de emoción hasta una fiesta en la que no faltaron sorpresas, música y muchas ganas de celebrar, cada momento estuvo pensado para compartir el comienzo de esta nueva etapa con los suyos.
Hay bodas que se construyen alrededor de una estética. Y hay otras en las que la estética no es más que la consecuencia natural de una historia. La de Ainoha y Vicente pertenece a la segunda categoría: una celebración en la que cada elección —desde unas perlas familiares hasta una mesa de quesos de cuatro metros, pasando por unas pegatinas que acabaron colonizando las fundas de móvil de los invitados— hablaba, de una forma u otra, de quiénes son ellos.
Quizá por eso todo empezó de la manera menos solemne posible: siendo amigos.
Se conocieron en 2019, mientras cursaban un máster, sin imaginar que aquel encuentro acabaría llevándoles hasta el altar. El amor llegó después, sin grandes planes ni estrategias. “Siempre me habían dicho que lo inesperado siempre es lo más bonito y, así fue”, recuerda Ainoha. Y hay algo particularmente bonito en que una historia de amor empiece precisamente cuando nadie está intentando que empiece.
Cinco años después, el 28 de marzo de 2024, Vicente decidió ponerle una fecha al siguiente capítulo. La pedida sucedió en casa, alrededor de una cena sencilla de las que ya formaban parte de su universo compartido: vino, quesos y jamón. Pero aquella noche había algo más. Una caja reunía fotografías de los viajes que habían hecho juntos durante sus cinco años de relación, cada una acompañada por unas palabras. La última fotografía guardaba el mensaje definitivo: todo aquello no había sido más que el principio de un viaje mucho mayor. Y unos meses después, aquel viaje tomó forma de boda en Valencia.
Una masía, 230 invitados y cada detalle pensado
La ceremonia religiosa se celebró en la Basílica de Sant Vicente Ferrer y, después, la celebración fue en la Masía del Carmen, en Massarrojos, una elección fue casi inmediata. Fue la segunda que visitaron y no necesitaron mucho más para saber que era allí. El espacio tenía algo que encajaba con la celebración que habían imaginado: diferentes escenarios para acompañar cada momento del día, desde el cóctel hasta la fiesta. La organización quedó en manos de La Única, que ayudó a convertir aquella idea inicial en una boda de unos 230 invitados.
Uno de los primeros golpes de efecto esperaba durante el cóctel: una mesa de quesos de cuatro metros, cubierta por un largo mantel blanco y rodeada de hortensias y dalias en tonos verdes y blancos, anthuriums, musgo, frutas, barras de pan y grandes piezas de queso. El jamón y el queso, cortesía de Charcutería Nacho Laguarda, adquirían así casi la categoría de instalación artística. Y es que en esta boda hasta el aperitivo tenía vocación de protagonista, todo de la mano de Gourmet Catering.
El trabajo floral de El Taller de Clo aparecía también en otros rincones de la celebración y, especialmente, en el ramo de la novia. Ainoha lo diseñó junto a su hermana pequeña, su mejor amiga, buscando una composición atemporal y otoñal que dialogara con el resto de la decoración. Hortensias y dalias blancas, amaranto y anthurium verde daban forma al ramo que, en uno de los gestos más emotivos del día, acabaría en manos de su hermana durante el cóctel.
La misma atención al detalle se trasladó al seating plan, realizado sobre una tela impresa y bordada que se escondía entre la vegetación antes de conducir a los invitados hasta el espacio de la comida. “Tots a la taula!”, anunciaba en valenciano, acompañado de pequeños dibujos de cubiertos y comida bordados. Una frase sencilla que resumía bastante bien el espíritu de la celebración: aquí hemos venido a sentarnos juntos.
La papelería de Hueco Studio acompañó la identidad gráfica de la boda, mientras Totochi Handmade se ocupó de los lazos, ramos, sillas y pañuelos. Para los testigos, los chicos recibieron calcetines de Gambea Shop y las chicas, ilustraciones de Miss Cut Paste. Los niños tuvieron sus propios detalles gracias a Creant amb Estima y Amapola Lab llevó a las mesas las fotografías impresas sobre tela.
Una novia con mucha personalidad
Ainoha quería verse elegante, clásica y, sobre todo, reconocible. Nada de convertirse en otra persona por un día. Había además una condición innegociable: las hombreras. “Quien me conoce bien, sabe que las hombreras son mi sello de identidad”, explica.
Junto a Alicia, de Aleste Atelier, dio forma a un vestido de crepé de seda de líneas minimalistas, con cuello de cisne, hombreras marcadas, una cola desmontable y una espalda abierta que concentraba buena parte del efecto sorpresa. El velo de tul terminaba de construir una imagen nupcial clásica, pero con ese punto de personalidad que hacía que el vestido pareciera diseñado específicamente para ella —porque, en realidad, lo estaba.
En los pies, la consigna fue bastante menos complicada: comodidad. Ainoha no es especialmente aficionada a los tacones y tenía claro que una boda de tantas horas requería unos zapatos que pudieran seguirle el ritmo. La elección fue Lola Cruz. “Como fan y fiel a la marca Lola Cruz ese día me tenían que acompañar y, ¡qué acierto!”, dice.
Las joyas escondían una historia mucho más íntima. Ainoha volvió a confiar en Moret Joyeros, la firma que había diseñado su anillo de compromiso y con la que creó los pendientes que llevaría el día de la boda. El diseño incorporaba tres piedras preciosas heredadas de su abuela y terminaba en una perla.
Para el maquillaje, la novia buscaba exactamente lo contrario a una transformación. Quería seguir pareciendo ella. Débora C. Makeup, de Nars, se encargó de conseguir una versión especialmente luminosa y natural de Ainoha. Ya conocía su trabajo porque había maquillado a su hermana en la boda de una prima, y aquel día confirmó que la elección había sido la correcta. “Me sentía muy guapa y yo misma”.

















