Así fue la boda en el norte y bajo la lluvia de Marta y Aitor

BODASInspiración de bodas

Redacción: Redacción

Bajo la lluvia incesante del norte y rodeados de los suyos, Marta y Aitor celebraron una boda donde la emoción pesó más que cualquier previsión. Un “sí, quiero” íntimo, fiel a su esencia, en el que cada detalle —desde la elección de los espacios hasta los gestos más personales— habló de historia, familia y autenticidad. Porque cuando todo es de verdad, ni siquiera el diluvio puede eclipsar el día más importante.

Cortesía de People Truelove Tellers

Cortesía de People Truelove Tellers

Hay bodas que se recuerdan por su estética, otras por su escenario. Y luego están aquellas que permanecen por lo que se siente. La de Marta y Aitor, celebrada en pleno otoño en Hondarribia (Guipúzcoa),  pertenece a esta última categoría: un día marcado por la lluvia, la emoción y una idea muy clara desde el principio: hacer una boda fiel a quienes son.

La ceremonia tuvo lugar en el Santuario de Guadalupe, en lo alto del monte Jaizkibel, un enclave íntimo rodeado de naturaleza donde la pareja encontró exactamente lo que buscaba, recogimiento, calidez y la sensación de estar en casa. “Siempre había imaginado una iglesia pequeña, acogedora, donde sentir de cerca a nuestra gente”, recuerda Marta. Tras el “sí, quiero”, los 155 invitados se trasladaron a Asador Sutan, un restaurante que cumplía con otro de sus grandes requisitos como huir del catering tradicional y apostar por un espacio gastronómico auténtico, preparado además para el impredecible clima del norte.

Una boda sin ornamentos, al natural

Lejos de tendencias efímeras, Marta y Aitor organizaron la boda ellos mismos, guiados por una visión honesta y coherente. “No queríamos perder el norte con todo lo que se ve hoy en redes sociales”, explican. Nada de artificios innecesarios. En su lugar optaron por una celebración bonita, acogedora y profundamente divertida, donde la música y los recuerdos tendrían un papel protagonista.

Y así fue. Desde los acordes en directo de The Gastis durante la ceremonia hasta el ambiente vibrante del cóctel con Swing Tronic y la energía final de Versus DJ, la banda sonora acompañó cada momento con naturalidad. Una elección tan cuidada como la del equipo audiovisual necargada a People Truelove Tellers, recientemente premiados por esta boda como la mejor contada de 2025, y el videógrafo Álvaro Santos, encargados de capturar cada instante con sensibilidad.

La estética, por su parte, se construyó desde lo emocional. Las flores de Endanea Garden aportaron luz y calidez a los espacios, especialmente en un día marcado por la lluvia. Pensadas de forma funcional, las composiciones de la iglesia se trasladaron al restaurante, transformando la carpa exterior en un lugar acogedor y lleno de vida. “En nuestra casa nunca faltan flores”, nos confiesan los novios. 

Los detalles personales fueron el hilo conductor de toda la celebración. Desde los posavasos ilustrados con su golden retriever hasta una antigua máquina de coser perteneciente a los abuelos de Marta, cada elemento hablaba de su historia. El seating plan, diseñado junto a Bambam Studio y Laura Pérez, se convirtió en una de las piezas más especiales: un textil bordado que narraba su vida y la de sus invitados a través de símbolos, y que hoy, convertido en mantel, sigue formando parte de su día a día.

Las invitaciones, firmadas por Bahía Creativa, ya anticipaban ese universo íntimo y cuidado. Y en el banquete, cada invitado encontró su sitio marcado con una pieza de cerámica hecha a mano, acompañada de un detalle inspirado en Japón (destino de su luna de miel) y una nota escrita a mano por los novios.

Si hubo un momento especialmente emotivo, fue el de la ceremonia. También la entrega de ramos a sus madres o el regalo que Aitor hizo a Marta: un cuadro en homenaje a su abuela, recientemente fallecida. “Quería sentirla cerca”, confiesa ella. Y así fue: también en su ramo, donde llevaba dos medallas con profundo significado familiar.

Vestido de novia con flores de Sophie et Voilá

Cortesía de People Truelove Tellers

El vestido de Marta: una mezcla de tweed y los zapatos de su hermana

El vestido de Marta fue, como no podía ser de otra manera, una extensión de su universo creativo. Diseñado junto a Depaz Quintana y con la complicidad de su madre, la pieza combinaba tweed, seda y organza en un juego de volúmenes desmontables que acompañaban cada momento del día. Desde la solemnidad de la ceremonia, con capa, velo y cola de más de cuatro metros, hasta una versión más ligera y festiva para el baile, el vestido evolucionaba sin perder su esencia. Los zapatos, firmados por Just Ene, eran los mismos que había llevado en la boda de su hermana: un guiño sentimental que encajaba a la perfección con el conjunto.

Aitor, por su parte, apostó por un semi chaqué azul marino a medida, confeccionado en el atelier familiar de Bardezi Moda y Fercy Moda en Durango. Un look elegante y contemporáneo que reflejaba, al igual que el de Marta, la importancia de lo cercano y lo artesanal.

Y entonces, la lluvia. Constante, intensa, inevitable. Pero lejos de empañar el día, lo transformó. “Hizo que todo fuese aún más especial”, recuerdan. Bajo la carpa, entre risas y música, los invitados no dejaron de bailar. Nadie quería sentarse a comer. Nadie quería que terminase. Porque, al final, esa es la esencia de esta boda: una celebración donde lo importante no fue lo que ocurrió, sino cómo se vivió.

Cortesía de People Truelove Tellers

Cortesía de People Truelove Tellers

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Cortesía de People Truelove Tellers

Cortesía de People Truelove Tellers

Cortesía de People Truelove Tellers

Cortesía de People Truelove Tellers

Cortesía de People Truelove Tellers

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