El blanco radiante de las novias

NOVIA

Redacción: Laura Pinillos

No hay color en nuestra cultura que hable de las novias más que el blanco. Asociado a la pureza y la virginidad, una reina lo introdujo como tendencia en occidente. Analizamos la historia de una costumbre… ¿con los días contados?

Diseño de la firma Óscar de la Renta, perteneciente a la última colección nupcial

 Grace Kelly con su icónico vestido de novia

Son tradición todos esos hechos que, sin saber por qué, adquirimos por asimilación, generación tras generación. Y los hay de todo tipo. Las postales de felicitación navideñas, soplar las velas en los cumpleaños o vestirse las novias de blanco. Muchas de estas costumbres tienen una explicación religiosa, como la Navidad, o histórica, como las velas. Otras en cambio tienen como impulsora, un nombre propio.

Era 10 de febrero de 1840 cuando la reina Victoria de Inglaterra contraía matrimonio con el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo y lo hizo, con una trascendente decisión: vestir de blanco. “Victoria lo eligió principalmente porque era el color perfecto para destacar el delicado encaje [de su vestido de novia]”, recoge la biógrafa Julia Baird. Además, determinó -sin concesiones- que “nadie más llevase ese tono al enlace” imponiendo una norma que también se convirtió en tradición.

Hasta esa fecha, lo habitual era que las novias se casaran con sus mejores galas, sin importar el color, aunque si había que elegir uno, ese solía ser el rojo. Un tono vibrante y llamativo, símbolo de buena suerte y prosperidad con el que las mujeres no pasarían desapercibidas en ese día en el que eran protagonistas.

Todos los detalles de Victoria de Inglaterra

La mayoría de las novias del siglo XVIII vestían con tejidos de satén, terciopelo o encaje de Bruselas, los elementos más lujosos. Sin embargo Victoria apostó en su totalidad por materiales británicos para su romántico traje.

Mientras que la seda del vestido llegaba desde Spitalfields, al este de Londres, el encaje – diseñado por William Dyce, director de la entonces Escuela de Diseño del Gobierno (hoy conocido como Royal College of Art)- provino de Honiton, y se usó sobre todo en su velo con motivos florales en forma de rosas, cardos y tréboles que provenía del condado de Devon. Hombros al descubierto, lleno de delicados adornos y bordados, la reina combinó su vestido con unos zapatos de seda planos y una corona de flores en el pelo. 

El diseño, que marcó una época, fue toda una declaración de intenciones y el motivo por el que tantas mujeres, a día de hoy, siguen vistiendo en sus bodas de blanco.

EL significado del blanco

Hasta el momento, en España, la costumbre era otra y el negro solía ser la opción predilecta. Muchos historiadores aseguran que el uso de este color era debido a su significado asociado con la protección contra la mala suerte y los espíritus. Sin embargo, otra de las explicaciones más recurrentes apunta al bolsillo y a la necesidad de tener que reutilizar el vestido de las nupcias en otras ocasiones, lo que hacía del negro una opción con una prometedora vida útil.

Por su parte, el color blanco siempre ha estado asociado a la pureza, la virginidad y la inocencia de la mujer, por lo que, la tendencia del blanco nupcial, encajaba al dedillo con la retórica católica que imperaba en Europa en aquel momento.

Es curioso entender que la influencia de la reina Victoria en las costumbres no se limitó a las bodas. Al igual que dictaminó el blanco para las novias, sentenció el negro para el luto y estableció una nueva silueta entra la alta sociedad: los vestidos victorianos con corpiños ajustados y faldas voluminosas.

Cómo fueron las novias de antes

Los vestidos blancos de novia no se vieron de manera frecuente hasta después de la 2º Guerra Mundial. La respuesta al porqué es sencilla. El color blanco se ensucia con solo mirarlo y lavar la ropa no entraba entre las posibilidades de la mayor parte de la población, hasta hace apenas cien años. Durante mucho tiempo, se trató de una opción reservada a la alta sociedad, pero con la democratización de la industria textil dejó de tener ese uso exclusivo. Además, contaba con la ventaja de que, al ser un matiz claro, en las fotografías -de entonces en blanco y negro o en sepia- se podía apreciar mucho mejor.

El mundo de la costura también contribuyó al gusto de muchas mujeres por los vestidos para casarse en blanco. Fue durante los años 40 y 50, cuando los grandes diseñadores de las casas de moda incluyeron entre sus propuestas, trajes nupciales. Los desfiles dedicados a las colecciones de primavera-verano se cerraban con una propuesta de novia y, por regla general, eran de color blanco. No era ninguna novedad, ya que la mayoría de estos modistos se encargaba de confeccionar los trajes de novia para muchas de sus clientas particulares. A día de hoy, aunque con menos frecuencia, muchas de las casas más tradicionales cierran sus desfiles con la  propuesta nupcial, siguiendo así la tradición.

Las novias más icónicas

Con permiso de la reina Victoria, si hay un vestido de novia (en blanco) que ha hecho historia y contribuido a popularizar una estética nupcial, ese es el que llevó Grace Kelly. En 1956, aparecería como prometida con su diseño de novia hecho con encaje, perlas y tul creado por Helen Rosel, considerado a día de hoy, por muchos, el vestido de novia más elegante hasta la fecha y un referente en el imaginario nupcial. Otro modelo icónico fue llevado en 1981, y visto por un total de 750 millones de personas de todo el mundo, las que siguieron a través de sus televisores el enlace entre Carlos, el príncipe de Gales y Lady Diana Spencer que llevó una creación en tafetán de seda marfil con una cola que media aproximadamente 8 metros de largo, diseñada  por David y Elizabeth Emanuel.

Las versiones más populares y recientes de vestidos blancos de novia los han llevado Kate Middleton de Alexander McQueen por Sarah Burton, Carolina de Mónaco de Dior diseñado por Marc Bohan, Victoria Beckham de Vera Wang, Megan Markle de Waight Keller para Givenchy con un diseño sobrio y minimalista; e incluso Sarah Jessica Parker que apareció en su famosísima serie, Sexo en Nueva York, interpretando a Carrie Bradshaw, atavíada con un espectacular creación en blanco de Vivienne Westwood para el enlace que nunca llegó a sucer  con Mr. Big, El caso más reciente y viral fue el diseño de Sofia Richie. La influencer celebró en la primavera de 2023 su boda con Elliot Grainge y llevó un total de tres looks claros firmados por Chanel. Todas y cada una de ellas, inspiraron a novias de todo el mundo.

Vestido de novia con flores de Sophie et Voilá

Audrey Hepburn, quien arriesgó y se casó con un vestido corto y en color rosa

No todo es color blanco

Aunque muchas vistieron de blanco, otras apostaron por el color. En 1949 fue la actriz Rita Hayworth quién sorprendió a todos con un traje nupcial atípico en azul y falda plisada obra de Jacques Fath. Audrey Hepburn apostaría en 1969 por el color rosa para su boda con un diseño corto ideado por Hubert Givenchy. O Elizabeth Taylor que, en una de sus siete bodas apostó por un vestido de novia amarillo diseño de Irene Sharaff y con el que desafió todas las supersticiones que se asocian a la tonalidad. Tampoco nos podemos olvidar del segundo vestido de novia de Victoria Beckham en morado a juego con el de David Beckham. Su extravagante boda se convirtió en un verdadero acontecimiento social con trajes a conjunto siguiendo tradiciones pero también completandose con su propia personalidad.

En la actualidad es indiscutible que el color predominante entre los estilismos nupciales es el que es, pero aún así el rumbo está cambiando. Ventanas que se abren llenas de posibilidades, tradiciones que se rompen explorando nuevos caminos para celebrar el amor en el altar. Uno de los colores que está tomando mayor protagonismo en los últimos años es el rosa empolvado. Novias que desafían los códigos nupciales establecidos para llenar su día más especial de su completa esencia. ¿Su origen? En la pasarela. Los primeros diseñadores en arriesgar por las novias de rosa se remontan a la década de los 90. Givenchy cerró su colección de 1995 con un vestido confeccionado de rosas en color rosa, valga la redundancia, y Óscar de la Renta hizo lo propio en 1991, pero con un diseño en corto.

Pinceladas rosas

El káiser de la moda, Karl Lagerfield, apostó por una novia en tono rosa para el cierre de su colección de Chanel primavera-verano 2017, una creación  con mucho volumen, gracias a sus infinitos volantes con la que caminó Lily Rose-Depp. Las hermanas Mulleavy, fundadoras de la firma de ensueño neoyorquina, Rodarte, también cuentan con diseños nupciales en rosa. O la danesa Cecilie Bahnsen, quien también ha apostado por los matices rosáceos entre sus propuestas de novia. Y de la pasarela a la realidad. Celebrities como Reese Witherspoon para su boda en 2011 escogió un diseño confeccionado por Monique Lhuillier en el nuevo color protagonista o Mandy Moore (conocida por su papel en la serie de Amazon Prime, This is Us) también cayó en la tentación de la mano de Rodarte.

Otra de los tonalidades que se cuela con pequeñas pinceladas en los vestidos de novia, es el negro. No como lo vestían nuestras antepasadas pero sí en inesperados detalles y piezas. Solo hay que fijarse en las últimas propuestas de las grandes firmas del sector como Vivienne Westwood, Pronovias o Vera Wang que cuentan con vestidos que funden sus detalles a negro. Si aún nos faltan pruebas para creerlo, solo hay que ver el diseño por el que optó Olivia Palermo, que acudió a celebrar su décimo aniversario de casada, con un vestido en el binomio ganador firmado por Giambattista Valli. 

Hay quien desde pequeña sueña con su vestido blanco, muchas se dejan llevar por las tendencias del momento y otras no piensan en ese día hasta que tropiezan con la posibilidad. Pero ya sea con vestido o con traje, de blanco o de rosa, de corto o de largo, con velo o sin velo, hay hueco para todo tipo de novias.

Última campaña de la casa Danielle Frankel con un diseño lleno de color y estampado de flores

Un diseño nupcial de la última colección de Vera Wang x Pronovias teñido de negro