La boda de Teresa y Álvaro: una iglesia en Cádiz, una finca andaluza y una fiesta que duró siete horas

Redacción: Redacción
Cádiz fue mucho más que el escenario de la boda de Teresa y Álvaro: fue parte de su historia. Entre las calles de El Puerto de Santa María y el encanto andaluz de una finca en Jerez, la pareja celebró un enlace lleno de emoción, detalles personales y momentos que hicieron sentir a cada invitado parte de algo muy especial.
Tras más de un año de preparativos, consiguieron dar forma a la boda que siempre habían imaginado: una ceremonia íntima a pesar de reunir a más de 200 personas, una gastronomía que rendía homenaje a la tierra gaditana, música en directo desde el primer momento y una fiesta inolvidable. Una celebración construida con cariño, donde cada detalle tenía un significado y donde lo más importante fue compartir la felicidad con las personas que han acompañado su historia desde el principio.
Hay bodas bonitas. Hay bodas divertidas. Y luego están esas bodas que consiguen ser ambas cosas a la vez. La de Teresa y Álvaro, celebrada el pasado 11 de octubre de 2025 entre El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, fue exactamente eso: una celebración llena de emoción, personalidad y momentos que sus invitados seguirán recordando durante años.
Teresa y Álvaro se conocieron en septiembre de 2020 trabajando en RatedPower. Lo que comenzó como una amistad se fue convirtiendo poco a poco en algo más. “Nos hicimos muy amigos desde el principio y, casi sin darnos cuenta, de esa amistad y de estar cada vez más a gusto juntos surgió el amor”, recuerda Teresa.
Una pedida entre cañones y puestas de sol
La propuesta de matrimonio llegó en 2024 durante un viaje por Estados Unidos. “Fue en Horseshoe Bend, durante una puesta de sol espectacular. Fue un momento muy emocionante y divertido para los dos”. Pero si hay un recuerdo que ambos guardan especialmente, es la pedida familiar celebrada después en Ciudad Real. “Fue la primera vez que reunimos oficialmente a las dos familias. Hubo discursos, muchísima emoción y mucho cariño. Lo recordamos como uno de los momentos más especiales de toda la preparación de la boda”.
Cádiz como destino y una finca con alma andaluza
Desde el primer momento tuvieron claro dónde querían casarse. La ceremonia religiosa tuvo lugar en la Parroquia de San Francisco (Los Jesuitas), en El Puerto de Santa María, mientras que la celebración se trasladó a la espectacular Hacienda La Peñuela, en Jerez.
“Queríamos que la boda fuese casi una experiencia de fin de semana para nuestros invitados. Organizamos una preboda, una cata con los testigos y distintos encuentros para poder disfrutar de todos mucho más”.
La iglesia les conquistó por su belleza y cercanía. La finca, por su autenticidad. “Visitamos varias, pero cuando llegamos a La Peñuela supimos que era esa. Tiene un patio empedrado precioso, una zona bajo una parra espectacular, caballos, una pequeña capilla, una bodega y hasta una plaza de toros donde hicimos la fiesta. Nos enamoramos completamente”.
225 invitados y una sensación de boda íntima
Aunque la lista de invitados alcanzó las 225 personas, la pareja asegura que vivió el día de una forma sorprendentemente cercana. “Tenemos familias muy grandes y muchísimos amigos. Para nosotros era importante compartirlo con toda la gente que forma parte de nuestra vida”.
Y eso se notó en cada detalle. Desde los discursos improvisados hasta los abrazos interminables, pasando por una atmósfera de celebración constante que comenzó en la ceremonia y terminó muchas horas después.
Una boda construida con cariño y talento
La organización fue prácticamente artesanal. Teresa y Álvaro eligieron personalmente cada proveedor y cada detalle, aunque contaron con la coordinación impecable de Alejandra Guilloto y el equipo de MySisterA. “Fue una de las mejores decisiones que tomamos. Gracias a ellas pudimos disfrutar del día sin preocuparnos por nada”.
La fotografía estuvo en manos de Pauline, de Borea Photo, mientras que Rafael Guerrero fue el encargado de capturar la película emocional de la jornada.“Sus fotografías son auténticas obras de arte”, afirma Teresa.
La gastronomía corrió a cargo de Catering Primitivo, liderado por John Terry, que diseñó una propuesta basada en el mejor producto gaditano: atún, retinto y sabores locales que aún hoy siguen protagonizando conversaciones entre los invitados. La decoración floral, diseñada por Florenea, convirtió la finca en un auténtico jardín encantado de buganvillas, rosas y flores silvestres.
Durante la ceremonia sonó un cuarteto de cuerda de Jerez. En el cóctel, el protagonismo fue para D’Caramelo, que convirtió cada rincón en una fiesta improvisada. Y cuando llegó la noche, SonyBros hizo exactamente lo que mejor sabe hacer: conseguir que nadie abandonara la pista.
La novia: un vestido de ensueño firmado por Inúñez
Teresa tuvo claro desde muy pronto quién quería que diseñara su vestido. “Me encantaba el universo de Inúñez. Todos sus diseños me parecían especiales, naturales y con mucha personalidad”. La conexión con la diseñadora fue inmediata. “Isabel me conquistó por su cercanía, creatividad y esa paz que transmite”. El resultado fue un vestido etéreo y delicado confeccionado en seda, con múltiples capas, volúmenes suaves y detalles que aportaban movimiento y ligereza.
“Lo más bonito fue que nunca llegué a visualizar el vestido completo hasta el final. Lo fuimos construyendo poco a poco en cada prueba”. Un proceso compartido con su madre, hermana, madrina, primas y amigas que convirtió cada cita en una celebración.
Para completar el look, Teresa llevó pendientes de Suárez, regalo de su madrina; una pulsera de su abuela paterna que había llevado en su propia boda; un anillo heredado de su abuela materna; y un zafiro azul de Baquerizo, regalo de la familia de Álvaro durante la pedida familiar.
Los zapatos principales fueron unas sandalias de Pedro Miralles y, para bailar hasta el amanecer, unas comodísimas cuñas de Alhamas. Su ramo, realizado por Florenea, seguía la misma filosofía que el vestido. “Lo quería pequeño, natural y silvestre. Algo fresco y delicado que acompañara sin convertirse en protagonista”.
Un novio clásico con guiños personales
Álvaro apostó por la elegancia atemporal con un chaqué confeccionado a medida por Camisería Irene Muñoz. Aunque mantuvo una estética clásica, introdujo un sofisticado conjunto gris marengo monocromático que aportaba personalidad al look. Lo completó con una corbata turquesa, gemelos de Bradford Clothing y un reloj Longines, regalo de los padres de Teresa. Además, durante algunos momentos del fin de semana llevó el reloj de su abuelo, una manera muy especial de sentirlo cerca.















