La ceremonia más zaragozana en el Monasterio de Piedra: así fue la boda de Carlota e Iñaki

Redacción: Redacción
Iñaki y Carlota se conocieron una noche de diciembre en Madrid, gracias a unos amigos en común, sin imaginar que aquella conversación interminable en Ponzano marcaría el comienzo de su historia. Tras meses de idas y venidas entre Madrid y Cáceres —y la certeza temprana de haber encontrado a la persona indicada— la pareja decidió empezar su vida juntos en la capital. Años después, sellaron su historia con una boda muy personal en el impresionante Monasterio de Piedra: un fin de semana rodeados de 120 familiares y amigos.
Cuando una historia comienza de forma inesperada (entre amigos, copas en Madrid y una conversación que parece no terminar nunca) suele haber algo especial en ella. Así empezó también la de Iñaki y Carlota, que el 18 de diciembre de 2021 se conocieron en el madrileño barrio de Ponzano gracias a amigos en común. Él vivía entonces en Cáceres durante una temporada; ella, en Madrid. Pero bastó una noche para que ambos entendieran que había algo distinto.
“Nos pasamos toda la noche hablando”, recuerda Carlota. “Al día siguiente Iñaki tenía que volver a Cáceres, pero retrasó el viaje un día solo para poder volver a vernos. Desde entonces no hemos dejado de hablar”.
Durante los primeros meses, su relación fue una especie de distancia sin distancia: ciudades distintas, sí, pero cualquier oportunidad era buena para reencontrarse. Ocho meses después decidieron dar el paso natural: compartir casa en Madrid. “Desde el principio sentimos que habíamos conocido a la persona más especial de nuestra vida”, explica la novia.
Una pedida de mano en plena naturaleza
El 13 de julio de 2024, la historia dio un paso más en uno de los lugares más significativos para Iñaki: la Laguna Grande de Gredos. Desde pequeño había recorrido esas montañas con su familia, y quería que aquel momento también formara parte de ese paisaje. Tras madrugar para subir caminando hasta el circo de Gredos y ver amanecer, llegaron a la laguna a los pies del Almanzor. Allí, con los nervios inevitables, Iñaki sacó el anillo. “Me dijo que era la persona con más suerte del mundo por haberme conocido”, recuerda Carlota. La respuesta, por supuesto, fue sí.
Una boda de destino en el Monasterio de Piedra
El lugar elegido para celebrar la boda fue el impresionante Monasterio de Piedra, donde se celebraron tanto la ceremonia como el banquete. La elección tenía un fuerte componente sentimental: parte de la familia de Carlota es de Zaragoza y, además, el monasterio había sido el primer viaje-regalo de cumpleaños que Iñaki le hizo a Carlota. Cuando descubrieron que se celebraban bodas allí y conocieron a Ana —parte del equipo del monasterio— lo tuvieron claro.
Además, el hecho de que la mayoría de invitados tuviera que desplazarse permitió crear algo que ellos deseaban especialmente: una celebración de fin de semana. Desde la preboda del viernes hasta el domingo, prácticamente todo el monasterio estaba ocupado por familiares y amigos de la pareja. La ceremonia fue religiosa y estuvo oficiada por un sacerdote agustino que había sido profesor de Iñaki en el colegio.
Una celebración íntima y muy personal
Con 120 invitados, la pareja buscaba una boda íntima: rodearse únicamente de las personas más importantes de sus vidas. Y lo consiguieron con una celebración en la que cada detalle tenía significado. La organización corrió principalmente por cuenta de los novios, aunque la logística del monasterio facilitó todo el proceso. En apenas nueve meses planificaron la boda completa: un cambio de planes que abrazaron con naturalidad.“Pensábamos casarnos en octubre y de día, y terminamos casándonos en mayo y por la tarde”, cuenta Carlota entre risas. “Pero somos así: nos gusta dejarnos llevar por lo que llega”.
La decoración floral corrió a cargo de Sai Más que Flores, que transformó tanto la basílica derruida como el claustro del banquete con composiciones de inspiración silvestre en tonos blancos y verdes.
Pero lo mejor de todo, fueron los detalles personalizados que añadió la pareja a sus invitados: fotos de polaroid donde cada invitado se sentaba junto a una estampa de la Virgen del Pilar. También, durante el cóctel, los novios prepararon otro guiño aragonés que terminó siendo uno de los momentos más divertidos: un cesto lleno de cachirulos personalizados con sus iniciales y la fecha de la boda para que los invitados los levantaran durante su entrada al banquete.
Toda la papelerí de la boda estuvo de la mano de Kuramae, donde las flores favoritas de Carlota, las margaritas, formaron parte del sitting.
Música con raíces familiares
La música fue otro de los elementos más especiales de la celebración. Durante el cóctel actuó el músico Andrés Mcnamara, mientras que en la ceremonia cantó el Otxote Ozenki, un conjunto vocal muy ligado a la familia de Iñaki. Su padre lo fundó en los años 80 junto a amigos vinculados al Orfeón Donostiarra, y varias generaciones familiares participaron en la boda. El momento más emocionante llegó con la entrada de Carlota a la basílica, cuando el grupo interpretó a capella una versión propia del Ave María de Schubert. “Se nos ponen los pelos de punta cada vez que lo recordamos”, confiesa la novia.
El vestido de Carlota: tres piezas y un velo antiguo
Para su gran día, Carlota confió en la diseñadora Fátima González, que creó un vestido de tres piezas muy especial: un vestido halter con espalda abierta y delicados detalles de encaje, una blusa ligeramente transparente de manga japonesa y una cola desmontable.El look se completaba con un velo antiguo sujeto a una coleta.
Los zapatos, hechos a medida por Zapatos Franjul —donde también se los hizo su madre para su boda—, priorizaban algo esencial: la comodidad. El ramo, de estilo silvestre en tonos blancos y verdes, seguía la misma estética natural de toda la decoración floral.
El look del novio
Iñaki eligió un chaqué gris marengo con chaleco color albero de Bon Vivant, que escogió junto a su padre y su hermano. Lo combinó con una corbata verde marina de Hermès —regalo de sus testigos—, un reloj de Longines y unos Oxford negros de Carmina. Entre los detalles más emotivos estaban los gemelos grabados de su abuelo paterno, que falleció poco después de la pedida de mano, y un pañuelo bordado por Carlota con una frase de Cuando Harry encontró a Sally: “Cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con una persona, quieres que el resto de tu vida comience ya”.
Para la pareja, elegir un único momento es casi imposible: la ceremonia, la salida de la iglesia, la entrada al cóctel, el banquete o la fiesta. Pero lo que más valoran es algo más simple: haber sido plenamente conscientes de todo lo que estaban viviendo.“El mejor consejo que podemos dar es que cada pareja haga la boda completamente suya y disfrute cada momento”.























