La novia que se casó con un ramo de girasoles en Asturias

Redacción: Redacción
Bea y Jaime celebraron una boda elegante y profundamente personal en Asturias, concebida exactamente como la habían imaginado: sencilla, natural y centrada en compartir el día con sus seres queridos. Desde la ceremonia en la Capilla de Santa María del Rey Casto hasta el banquete en el Palacio de Valdesoto, cada detalle reflejó su esencia, con una decoración primaveral, una papelería diseñada por ellos mismos y estilismos llenos de significado. Una celebración donde la emoción, la autenticidad y el cuidado por los pequeños detalles convirtieron cada momento en un recuerdo imborrable.
Hay bodas que destacan por su espectacularidad y otras que permanecen en la memoria por la autenticidad con la que reflejan a quienes las protagonizan. La de Bea y Jaime pertenece, sin duda, a este segundo grupo. Una celebración donde cada decisión respondió a un único objetivo: disfrutar del día junto a las personas más importantes de sus vidas, sin artificios y poniendo el foco en lo verdaderamente esencial.
Una historia que comenzó entre amigos
Bea y Jaime se conocieron durante una celebración organizada por amigos en común. No hubo grandes estrategias ni un único responsable de que comenzara su historia. «Nos conocimos en una celebración de unos amigos en común. Ambos sentimos algo especial ese día», recuerdan.
También el inicio de su relación fue cosa de dos. «¿Quién dio el primer paso? Ambos», responden con la naturalidad que define toda su historia.
La pedida de mano siguió esa misma filosofía: íntima, sencilla e inesperada. Jaime eligió un viernes cualquiera en casa, compartiendo unos margaritas —el cóctel favorito de Bea— para hacer la gran pregunta. «La idea era que fuese un momento íntimo e inesperado. Fue una gran sorpresa para Bea, aunque llevara meses lanzando indirectas», cuentan entre risas.
Una boda en Asturias con la ceremonia como gran protagonista
Desde el primer momento tuvieron claro cómo querían vivir su boda. «La boda fue tal y como nosotros queríamos: sencilla, natural y muy divertida». La ceremonia religiosa se celebró en la Capilla de Santa María del Rey Casto, en Oviedo, un espacio cargado de historia y significado familiar. «La elegimos porque, además de su valor familiar e histórico, nos parecía preciosa y se adaptaba perfectamente al número de invitados. No queríamos ni bancos vacíos ni mucha gente de pie. Fue perfecta.»
Después, los cerca de 200 invitados se trasladaron al Palacio de Valdesoto para celebrar el banquete. La elección tampoco dejó lugar a dudas. Ya conocían el espacio tras asistir a la boda de una amiga y les había conquistado por su elegancia y por contar con el reconocido catering de Isaac Loya.«Llamamos, preguntamos por fechas libres, nos encajó y no le dimos más vueltas.»
Aunque organizar una boda para doscientas personas puede parecer un gran reto, decidieron implicarse personalmente en todo el proceso, contando únicamente con el apoyo de Andrea, responsable del Palacio de Valdesoto, para coordinar el gran día.
Una decoración alegre y una papelería creada por ellos mismos
La personalidad de la pareja estuvo presente en cada detalle. Apostaron por una decoración luminosa, con una paleta de colores primaverales que aportaba frescura y acompañaba el entorno natural del palacio. La decoración floral estuvo a cargo de Leymar que continuaba con esa estética cuidada y minimalista.
Pero si hubo un elemento especialmente personal fue toda la papelería de la boda. Desde las invitaciones hasta los misales, el seating plan, las minutas o los meseros fueron diseñados por ellos mismos con la ayuda de la hermana de Bea, autora además de un delicado grabado de la Capilla de Santa María del Rey Casto. «Queríamos darle ese toque más personal y disfrutábamos preparándola.»
Las invitaciones terminaron convirtiéndose en uno de los recuerdos más especiales del proceso. «Fueron una de las cosas que más ilusión nos hicieron de la boda. También fue muy bonito poder entregarlas personalmente a cada invitado.»
El vestido soñado y los detalles con historia
Bea encontró su vestido prácticamente al instante. Era un diseño de Lucía de Miguel y bastó una prueba para confirmar que había encontrado el suyo. «En cuanto lo vi, supe que era el elegido. Me lo probé y, efectivamente, era como si estuviera diseñado para mí.»
Al diseño añadió una elegante capa y una mantilla heredada de su abuela, uno de los detalles más emotivos de su estilismo. Completó el look con joyas familiares y unos zapatos de Souliers Martínez, regalo de su prima Lucía.
El ramo también escondía un significado muy especial. Frente a los clásicos tonos blancos, Bea eligió girasoles. «Siempre me han hecho sentir feliz. Llenan cualquier sitio de vida. Para mí representan exactamente cómo quería recordar ese día. Nunca imaginé otro ramo.»
Un clásico para el novio
Jaime apostó por la elegancia atemporal de un chaqué clásico confeccionado a medida por Trajes Guzmán, combinado con un chaleco color arena y una corbata azul de Ferragamo que quiso conservar como recuerdo de la boda. Entre los accesorios no faltaron dos piezas cargadas de significado: el reloj que Bea le regaló durante la pedida y unos gemelos obsequio de sus abuelos al terminar la carrera.







