Por todo lo alto, por Betto García

Redacción: Laura Pinillos
Con una clara vocación desde pequeño, Betto García, coronado hoy como uno de los mejores sombreros de nuestro país, supo que para cumplir sus sueños, tenía que arriesgar. Arriesgó y acertó.
Desde pequeño, el mundo de la moda ejerció sobre Betto García un magnetismo irrefrenable. Aunque en un principio no imaginó que su destino estaría en la sombrerería, siempre sintió una inclinación natural hacia estos complementos. «Recuerdo que todo empezó con una bufanda de punto que me estaba haciendo a mi mismo. A mitad de camino, cuando ya estaba cansado, decidí transformarla en un turbante y se la regalé a una amiga. Ahí, comenzó todo» recuerda con nostalgia García.
La creatividad le corría por las venas desde la infancia. En los patios del colegio, entre risas y juegos, vendía collares, pulseras y pendientes hechos por sus propias manos. En verano, lo hacía en la playa. Con el tiempo, comenzó a adentrarse más por los accesorios como los sombreros y los tocados que, aunque eran sencillos tuvieron mucha popularidad entre sus amigas y conocidas. En ese preciso momento, supo que debía cambiar el rumbo de su vida: marchó a Londres con la excusa de aprender inglés, aunque su verdadero propósito era sumergirse en el universo de la sombrerería.
Aunque las oportunidades tardaron en llamar a su puerta, pronto el destino le guiñaría un ojo. Logró una oportunidad como becario en el atelier de Edwina Ibbotson, una de las sombrereras más reconocidas del Reino Unido. «Con ella aprendí la técnica más purista, la sombrerería de alta costura y, sobre todo, a moverme en el sector del lujo. Trabajamos para la Casa Real Británica, para las prestigiosas carreras de Ascot…». Tras su periodo de prácticas, escaló hasta convertirse en el encargado del atelier durante un año. Finalmente, decidió regresar a España para dar vida a su propia firma y emprender su camino en solitario.
Una carrera de fondo
«Si tuviera que definir mi trayectoria, diría que ha sido un camino constante, de muchísimas horas de trabajo. La moda exige dedicación absoluta». En su historia hay nombres y marcas fundamentales como el neoyorquino Christian Siriano, Outsiders Division o Palomo Spain, quien le sirvió de altavoz en los comienzos y se convirtió en un amigo inseparable. «Nos conocimos en Londres cuando ambos nos estábamos formando. Esas conexiones que te regala la profesión».
Su propia firma está a punto de cumplir diez años y, desde 2020, vive su época más dulce. «Estamos en constante evolución y crecimiento». La demanda de pedidos por todas partes del mundo ha propiciado lo que durante años se esperaba, la digitalización de su firma. Sin embargo, afirma que quiere mantener el trato cercano con sus clientas, apostando por la personalización y la comunicación constante a lo largo del proceso. «Seguimos construyendo a medida, enviando fotografías, ajustando detalles… No quiero perder esa esencia».
Lo que más disfruta de su trabajo es la libertad creativa: «Cuando una clienta viene con ganas de arriesgar y se deja asesorar, cuando me encargan piezas para una película, una serie o un espectáculo… Ahí es cuando siento que puedo volar con mis diseños«. Entre todas sus creaciones, cuando le preguntamos por su favorita, Betto García no titubea ni un momento. «Les tengo cariño a muchos, pero los tocados que realicé para la colección ‘Objeto Sexual’ de Palomo Spain fue un hito en mi carrera”.
Las novias también son su debilidad. «Me fascinan las aquellas que son rebeldes, las que buscan algo distinto, las que apuestan por un segundo vestido con una pieza inesperada». Una amor que nace y que se transforma en diseños que han traspasado las fronteras como la pamela que lució la influencer Teresa Andrés con su segundo look nupcial, se la llegaron a pedir para una boda en Washington.
Lo mejor está por venir
Cuando hablamos de futuro con García, hay dos palabras que se repiten constantemente: evolución y cambio. «Estoy en un proceso de transformación, alcanzando mi madurez artística y ampliando el negocio». Con la mirada puesta en nuevos retos y después de haber colaborado con múltiples firmas de lujo en la creación de instalaciones textiles, ahora está trasladando ese conocimiento al mundo de las bodas por sí mismo. «Estamos diseñando carpas, escenarios y espacios de ensueño a través de la escultura textil». Un nuevo horizonte que, sin duda, promete seguir llenando de magia y creatividad su camino.



