Una boda muy gallega y un homenaje a sus abuelas: la boda de Sara y Lewis

Redacción: Redacción
En un rincón verde de Galicia, entre hortensias en flor, un faro irlandés convertido en promesa y una historia que empezó —cómo no— en una biblioteca universitaria, Sara y Lewis celebraron una boda que une romanticismo, estilo y sentido del humor a partes iguales. Una novia con las ideas claras, un vestido creado desde cero, una decoración deliciosa inspirada en frutas y tonos rosados, y un día lleno de música, emociones y pequeños guiños familiares que lo convirtieron en un “sí, quiero” absolutamente inolvidable. Aquí comienza su historia.
Hay historias que empiezan sin pretenderlo, casi en silencio, y acaban convirtiéndose en un capítulo inolvidable. Así fue la de Sara y Lewis, que se conocieron un 8 de enero de 2019 en la biblioteca universitaria, entre apuntes, cafés y ese ambiente alocado que solo aparece en época de exámenes. “Me pidió el número en un post-it… en pleno 2019. Me hizo mucha gracia, parecía una escena de película”, recuerda ella. Ese pequeño gesto marcó el inicio. La pedida ocurrió en Irlanda, donde Sara vivió durante su Erasmus. Fue en la ruta del faro de Howth, tal y como habían hecho durante su primer aniversario como novios, por lo que era un lugar que ya tenía un peso emocional para ambos. Lewis se arrodilló allí, sobre el acantilado, para pedirle matrimonio. “Creí que el anillo era de mentira”, admite Sara entre risas. Pero no lo era.
Todos los detalles de la ceremonia
El 30 de agosto tuvo lugar la ceremonia en la Iglesia de Santa Eulalia de Liáns, en Oleiros (A Coruña) un templo contruido en el sigo XVII y rodeado de naturaleza que parecía sacado de un cuento de hadas. “Siempre nos pareció un paraje de cuento”, explica la novia. A cinco minutos, el Pazo de Xaz se convirtió en escenario del banquete: elegante, cómodo para los invitados y perfecto para la celebración multitudinaria de sus 183 asistentes. El resultado fue una boda vibrante, muy pensada, donde cada detalle tenía sentido. Destacó por su tono cercano —el sacerdote habló de ellos, de su historia, de su gente— y muchos invitados aún la recuerdan como una de las partes más emotivas del día. Pero cuando le preguntamos a Sara cuál fue su momento más emotivo, ella lo tiene claro: su entrada a la iglesia. “En ese momento todo desapareció, solo lo veía a él”, recuerda.
Frutas y verduras como protagonistas
Con la guía de Yolanda, su wedding planner de Con Tacones y de Boda, diseñaron un concepto fresco, divertido y lleno de personalidad: frutas, flores y una paleta en rosas, granates y borgoñas que tejía un hilo conductor desde la papelería hasta la decoración floral de Floristería Alba. La papelería también siguió las mismas líneas que orquestaron, y de la mano de Javi G. Cela, tanto los meseros como el seating plan contaba con figuras de frutas. Y para que los invitados tuvieran un recuerdo único, contaron la ayuda de Noemí Hens con ilustraciones en directo.
Desde el cóctel, la música fue protagonista, amenizado por el grupo Nuevo Plan, hasta la fiesta final con el DJ Ayman. Y entre los momentos que ya son memoria pura está su baile nupcial, ensayado con dedicación y acompañado por todos los suyos. Tampoco faltó su canción: Qué Bien, de IZAL, la misma que sonaba cuando empezaron a salir y que reapareció al cortar la tarta. “Miré alrededor y estaba toda nuestra gente cantando con nosotros. Fue mágico”.
Una boda que no estuvo exenta de anécdotas: la amenaza de lluvia, un coche de alquiler que tuvo que ser descartado a última hora y, finalmente, la sorpresa del descapotable blanco en el que salieron de la iglesia recién casados. “Pensábamos que iba a ser un desastre, y fue perfecto”, cuenta ella.
Si algo define esta boda es la sensación de autenticidad: una pareja que tuvo claro desde el principio que quería disfrutar, rodeada de los suyos, sin artificios ni prisas. Y lo consiguieron. Porque, como dijo Sara mientras recordaba el gran día: “Pasa todo tan rápido… ojalá pudiera repetirlo, exactamente igual”.
El vestido de ella
Para una novia que quería disfrutar sin interrupciones, el vestido tenía que ser versátil y Sara lo tenía claro desde el principio. Y así nació, desde cero, en el atelier de Begoña Peñamaría. Sara llegó con un boceto improvisado y una idea clara: un vestido único, transformable, cómodo y con personalidad. El diseño final fue un halter limpio, con escote a la espalda y una pasamanería especial. Sobre él, una sobrefalda ligera, con movimiento y una caída que recordaba pétalos, y una blusa de gasa para la ceremonia que dejaba intuir el volumen del vestido inferior. Como pieza emocional, llevó el velo de boda de su madre, restaurado para integrarse con su look. Su tocado, diseñado por Isabel Terroso de BALEL, fue acompañado de un recogido en forma de moño bajo de bailarina y un maquillaje elegante y natural para resaltar la esencia de Sara de la mano de Iria Carro.
Joyas, discretas y elegantes, incluían unas dormilonas de brillantes regaladas por sus padres y el anillo de pedida, con un zafiro central. Pero el accesorio estrella fue su abanico de encaje de bolillos, regalo de su abuela años atrás. Laura, de Bambam Studio creó para él una cinta personalizada que homenajeaba a ambas abuelas, la de Sara y la de Lewis con motivos bordados, sol y estrellas incluidos. Los zapatos, unas sandalias rosa viejo de Flor de Asoka, aportaron comodidad y continuidad cromática, combinando con el ramo de hortensias, dalias y amaranto en tonos muy gallegos.
Lewis apostó por un chaqué a medida de Juanjo Rig y llevó gemelos Montblanc regalo de Sara, un reloj Cuervo y Sobrinos. Además, decidió inlcuir un detalle íntimo y elegantes: bordó en su camisa las iniciales de ambos.










