Celia y Arturo se casaron a la luz de un sol gigante, como si fuera una verbena de pueblo

Inspiración de bodas

Redacción: Redacción

La pareja convirtió La Prensa de la Valldigna, en Valencia, en el escenario de La Verbena del Sol, una celebración mediterránea con mesas largas, flores naranjas, piezas vintage y una tómbola musical que terminó con todos los invitados entregados a la fiesta. Celia, fundadora de Solamente Estudio, se encargó de la dirección de arte y diseñó una boda en la que cada detalle contaba una historia.

Fotografía cortesía de Momentos de una vida

Fotografía cortesía de Momentos de una vida

Hay bodas bonitas, bodas espectaculares y bodas a las que te gustaría que te invitaran aunque no conozcas de nada a los novios. La de Celia y Arturo pertenece a esta última categoría. Imagínate una plaza de pueblo, una noche de verano, las mesas llenas de gente, las luces cálidas, las flores naranjas y una verbena en la que nadie se queda sentado demasiado tiempo. Ahora añade un sol gigante iluminando la fiesta, una tómbola musical con premios para mesas enteras y una ceremonia que, en lugar de seguir el protocolo de siempre, gira alrededor de una sobremesa. Sí, aquí había mucho más que una decoración bonita.

La pareja eligió La Prensa de la Valldigna, una finca antigua rodeada de montañas y naranjos, para celebrar su boda junto a 104 invitados. El objetivo no era organizar un evento impecable en el que todo el mundo supiera cuándo aplaudir, sino reunir a sus personas favoritas y hacer que se sintieran como en casa. Y, por lo que cuenta Celia, lo consiguieron.

«No queríamos una boda que pareciera un evento, sino una celebración de las de verdad, de las que reúnen a todo el mundo alrededor de una mesa y terminan con todos bailando juntos», explica. Spoiler: la verbena fue tan buena que muchos invitados les dijeron que había sido la mejor a la que habían ido.

De un match en Tinder a una boda con mucho sol

La historia de Celia y Arturo empezó en agosto de 2021, con una aplicación de citas de por medio y una estrategia de conquista que, según ella, merece una pequeña revisión. «A las cuatro palabras ya se había hecho el despistado y había lanzado su número de teléfono. Una técnica de seducción cuestionable, pero sorprendentemente efectiva», recuerda entre risas.

La pedida de mano sí tuvo un escenario digno de película romántica. Ocurrió en Lanzarote, durante el viaje con el que Arturo celebraba los 30 años de Celia. Él había organizado una sorpresa en una cala escondida, al atardecer, con el mar como telón de fondo. Ella, mientras tanto, tenía otros planes: quería mantener una de esas conversaciones profundas sobre la vida, el tiempo y todo lo que estaba por venir.

Pero Arturo tenía un asunto bastante más importante entre manos. «En mitad de mis planes de conversación trascendental, me encontré a Arturo con un anillo pidiéndome matrimonio», cuenta Celia. Una sorpresa redonda y un recuerdo que, cinco años después de aquel primer match, acabaría dando paso a una celebración diseñada hasta el último detalle.

La Verbena del Sol: una boda con alma de pueblo mediterráneo

Desde el principio, Celia y Arturo tenían clara una cosa: querían que su boda transmitiera una sensación. No buscaban una temática al uso ni una puesta en escena demasiado estudiada, sino recuperar la esencia de aquellas fiestas de pueblo en las que las cenas se alargan, los vecinos se conocen y la música consigue que todo el mundo termine bailando con todo el mundo.

Así nació La Verbena del Sol, el concepto que articuló la celebración y que Celia desarrolló desde su proyecto creativo, Solamente Estudio. El sol, con un significado especial para la pareja, se convirtió en el hilo conductor de toda la propuesta. Estaba presente en las flores de tonos naranjas, en la iluminación de la fiesta y en una gran pieza retroiluminada situada detrás del DJ.

Este último detalle tenía, además, una historia propia: el sol fue fabricado por el hermano de Celia durante un año. Porque si algo demuestra esta boda es que las mejores ideas no siempre salen de un catálogo.  «No queríamos hacer una boda temática, sino recrear esa sensación de estar en un pueblito mediterráneo, donde todo es cercano, natural y un poco improvisado», explica Celia. La inspiración llegó de los materiales naturales, la cerámica, los textiles y las pequeñas imperfecciones que hacen que un espacio tenga alma.

Una ceremonia alrededor de la sobremesa

Para ellos, ese momento en el que la comida de la mano de Sabors Catering, ya ha terminado, nadie tiene prisa por levantarse y las conversaciones empiezan a ponerse interesantes merecía un lugar protagonista. Incluso el de su propio altar.

«Para nosotros, la sobremesa es ese momento en el que ya has terminado de comer, nadie tiene prisa por levantarse y empiezan a salir las conversaciones más bonitas», explica Celia. «Es cuando te dices las cosas que a veces no dices en el día a día, te emocionas, te ríes y acabas arreglando el mundo».

La idea era que no hubiera una frontera demasiado marcada entre ceremonia y celebración, entre lo solemne y lo cotidiano. Que los invitados pudieran emocionarse, reírse y reconocerse en las palabras de quienes conocen de verdad a los novios. Y funcionó. La ceremonia estuvo llena de lecturas personales, risas y momentos emotivos, con la luna llena como telón de fondo. Una forma de darse el sí, quiero que no necesitaba demasiados protocolos porque tenía algo mucho más importante: personalidad. 

Vestido de novia con flores de Sophie et Voilá

Fotografía cortesía de Momentos de una vida

Una decoración hecha de recuerdos

Celia se encargó de la dirección de arte, la papelería creativa, el mobiliario y la decoración. Pero la puesta en escena no surgió de una compra de última hora ni de una lista de tendencias guardadas en Pinterest. Fue tomando forma durante el año y medio anterior a la boda, a medida que la pareja encontraba piezas que encajaban con su imaginario.

Mobiliario vintage, mantelería de crochet, textiles convertidos en manteles, botijos, cestas y telas suspendidas del techo durante la cena fueron componiendo una estética cálida, con un punto nostálgico y muy mediterráneo. Cada objeto tenía su lugar, pero también su propia historia.

«No era algo que hubiéramos comprado todo de golpe para decorar un día, sino objetos que habíamos ido reuniendo poco a poco», cuenta Celia. Y esa diferencia se notaba: el espacio no parecía montado para una ocasión, sino construido alrededor de una pareja, sus gustos y su manera de entender la vida. Para hacer realidad el proyecto, Celia contó con Raquel y el equipo de Invitada Pastel, responsables de la coordinación y de que todo funcionara durante la jornada. Una combinación entre visión creativa y trabajo en equipo que permitió que la pareja disfrutara de lo que llevaba tanto tiempo imaginando.

Un vestido de novia con movimiento y un lazo azul con historia

Para su vestido, Celia confió en Alicia, de Aleste Atelier. Desde el principio tenía algunas ideas claras: quería mangas, un aire rústico sin caer en lo demasiado informal y una falda con movimiento, ligera y fluida, sin exceso de capas ni volumen. El diseño fue evolucionando durante el proceso. La primera propuesta era más cubierta, con mangas largas y una falda muy distinta a la que finalmente llevó. Poco a poco, las conversaciones con Alicia fueron dando forma al vestido definitivo, buscando el equilibrio entre la estética de la boda y la personalidad de Celia.

«Tenía mil cosas en la cabeza y ella supo entenderlas y darles sentido con una delicadeza y un cariño increíbles», recuerda sobre el proceso. El resultado fue un vestido pensado para acompañarla durante toda la celebración, sin disfrazarla ni restarle naturalidad.

Los pendientes de Paulet aportaban luz y movimiento al conjunto. Con el pelo suelto y un vestido de líneas más cubiertas, Celia buscaba una joya especial que se moviera con ella sin competir con el diseño. En los pies, unas cuñas de Gaimo, elegidas por comodidad y por su afinidad con el vestido. La novia quería bailar sin estar pendiente de los zapatos y lo consiguió: las llevó desde la ceremonia hasta el final de la verbena. Una decisión que, viendo cómo terminó la noche, parece bastante sensata.

El ramo, por su parte, tenía las orquídeas como protagonistas. Celia buscaba algo diferente al ramo tradicional, con pequeños hilos de hojas verdes entrelazados entre las flores para aportar movimiento y un aire espontáneo, de la mano de La Tartana (y también toda la decoración floral)

Un novio con traje italiano y un secreto bien guardado

Arturo también tenía bastante claro cómo quería vestirse. Buscaba un traje de inspiración italiana, con americana cruzada y un color especial. Después de mirar distintas opciones, encontró en Suit Supply, en Madrid, una propuesta que encajaba con lo que tenía en mente. Lo divertido es que Celia no sabía nada de la elección. Estaba convencida de que llevaría un traje marrón chocolate, muy acorde con el estilo habitual de Arturo, así que el resultado final fue toda una sorpresa para ella.

Fotografía cortesía de Momentos de una vida

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