La boda de Álvaro y María o cómo hacer una celebración que hable de ellos

Inspiración de bodas

Redacción: Redacción

Hay bodas preciosas y luego están esas bodas que, además, tienen personalidad. La de Álvaro y María fue exactamente eso: una celebración elegante pero sin artificios, emotiva sin caer en lo previsible y llena de detalles que hablaban constantemente de ellos. Desde una pedida frente al mar en Mallorca hasta una ceremonia en Alicante acompañada de sevillanas, tulipanes amarillos y muchísimas risas, su gran día fue el reflejo perfecto de una historia que llevaba años cocinándose a fuego lento.

Fotografía cortesía de Una Creativos

Fotografía cortesía de Una Creativos

Hay historias de amor que llegan como un terremoto. Y luego están las de Álvaro y María, que se construyen paso a paso.

Ambos son de Alicante, aunque llevan años viviendo en Madrid. Se conocían desde hacía 17 años. “Éramos amigos de vernos siempre, de coincidir muchísimo, de tener épocas de hablar más y otras menos”, cuenta María. Lo suyo nunca fue una historia lineal. Había algo, sí, pero también tiempos, distancia y vidas que iban por caminos distintos. Hasta que hace cuatro años todo encajó casi sin proponérselo. “Volvimos a hablar sin ninguna intención. Y de repente, poco a poco, pasó”, recuerda ella. 

Una pedida frente al mar y un “picnic” sospechosamente romántico

La pedida llegó en abril de 2025, durante un viaje a Mallorca. Álvaro llevaba tiempo organizándolo todo al detalle: una cala escondida, sin gente, el mar delante y el atardecer exacto. El plan oficial era simplemente hacer un picnic. “Yo no sospechaba absolutamente nada”, reconoce María. Él le pidió ponerse para una foto juntos, dejó el móvil grabando… y sacó el anillo.

Una boda con alma propia

La ceremonia se celebró en la Parroquia de San Juan Bautista de San Joan d’Alacant y el banquete en Finca Torre Bosch, en la zona de playa de San Juan. Una boda religiosa, íntima —aunque con 150 invitados— y, sobre todo, profundamente personal. “No queríamos hacer nada porque fuese ‘lo típico’ o porque tocara hacerlo”, explica María. “Solo queríamos sentirnos cómodos y que la boda hablase de nosotros”. Y vaya si lo consiguió gracias a la ayuda deLaura Vilaplana y Laura Sáez de Vilaplanner Design, que les ayudaron a coordinar y organizar la boda. 

La iglesia no fue una elección casual. María la descubrió años atrás paseando y pensó algo muy concreto: “Si algún día me caso, quiero que sea aquí”. Después Álvaro la vio y no hubo más debate. La finca terminó de conquistarles por algo muy sencillo y muy difícil de encontrar: les hacía sentir en casa. Todos los espacios encajaban con la idea que tenían en mente y el trato fue, desde el principio, exactamente el que buscaban. Para la decoración floral y el seating plan contaron con la ayuda de Mamen Blasco y el catering de Grupo Juan XXIII

Una boda llena de detalles con historia

Una de las cosas más especiales de la celebración fueron todos los guiños personales que consiguieron colar sin perder naturalidad. Los marcasitios, de la mano de Belén Tallada de atelier.belu, estaban inspirados en el famoso Taco del Corazón de Jesús que la abuela de María regala cada año a todos sus nietos. “Álvaro lo tiene en su mesita y lo lee todas las mañanas”, cuenta ella.

Y como si eso no fuese suficiente, Pilar —la madre de la novia— elaboró a mano unos posavasos de ganchillo preciosos para las invitadas. Un detalle delicado, artesanal y lleno de cariño que terminó emocionando a todo el mundo.

Además, para capturar todos los detalles y recuerdos, optaron por la creatividad y trabajo de Una Creativos. 

Fotografía cortesía de Una Creativos

El vestido más “María” posible

María tenía claras dos cosas sobre su vestido: quería volantes y quería lunares. “Si hubiese sido por mí, me habría casado con un traje de flamenca”, dice riéndose. Diseñó el vestido junto a Inés Fernández de Córdoba, de Lalacó Atelier, en un proceso que recuerda como uno de los más emocionantes de toda la boda. Siempre acompañada de su madre, Pilar, y de su amiga Elisa.

La falda de volantes apareció pronto. La parte superior costó algo más. “Solo sabía que no quería crepe por nada del mundo”, cuenta divertida. Finalmente encontraron la pieza perfecta y confeccionaron todo el vestido en bambula de seda. La mantilla también tenía historia. María quería algo distinto, con plumeti y cierto aire de casquete. Inés encontró un diseño que simulaba pequeños lunares y fue amor absoluto. “Todo el mundo me decía que el vestido no podía ser más yo”, recuerda. Y para la noche, cambiósu velo por un casquete de brilos de La Unike Novias. 

Tulipanes amarillos, una medalla y recuerdos que acompañan

El ramo estaba compuesto por tulipanes amarillos, una flor imprescindible en la vida de María. “Siempre tengo tulipanes en casa”, explica. Pero los amarillos, además, la conectan directamente con una etapa muy feliz viviendo con sus amigas Tania y Elisa.

Entre las flores llevaba también una cinta de BABELA y una medallita de la Virgen del Carmen en honor a su abuela, que no pudo asistir a la boda.“Mi madre me la regaló para que mi abuela estuviese conmigo de alguna manera”, cuenta emocionada. Detrás llevaba grabada una frase sencilla y demoledora: ‘Tu abuela te quiere’.

Fotografía cortesía de Una Creativos

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