La boda de Manu y Celia: romanticismo, artesanía y una noche para recordar
Redacción: Redacción
Una historia de amor que comenzó hace diez años en Gante, durante un Erasmus, y que encontró su broche de oro en una boda donde cada detalle hablaba de ellos. Manu y Celia celebraron su gran día entre recuerdos familiares, guiños artesanales y una atmósfera de eterna noche de verano. Desde el vestido de novia, confeccionado a partir del que llevó su madre, hasta una decoración inspirada en el universo del vino y una fiesta que reunió a todos los suyos, su enlace fue una celebración tan especial como personal.
Hay bodas que parecen diseñadas para quedarse en la memoria. La de Manu y Celia fue una de ellas: una ceremonia cargada de significado, un vestido de novia con historia familiar, una celebración al aire libre con estética de jardín de verano y una fiesta en la que la música, los amigos y las ganas de disfrutar fueron los verdaderos protagonistas. Una boda muy personal, hecha a medida de los novios y, sobre todo, de las personas que forman parte de su historia.
La historia de Manu y Celia comenzó hace diez años en Gante, cuando ambos coincidieron durante su Erasmus. Aunque tenían muchos amigos en común, entonces sus caminos apenas llegaron a cruzarse. La vida, sin embargo, tenía otros planes. Años después volvieron a encontrarse gracias a un amigo común y, esta vez, algo cambió. «Por suerte o por desgracia, coincidió con el año del Covid, por lo que cada vez que nos podíamos ver era súper especial», recuerda Celia. Tras un año de relación a distancia, en 2021 se trasladó a Madrid para estudiar un máster y, por fin, pudieron compartir ciudad y día a día.
La pedida llegó el pasado mes de julio, en casa y en la intimidad. Sin grandes escenarios ni artificios, Manu le pidió matrimonio y ambos comenzaron a imaginar el que sería uno de los días más especiales de sus vidas. Decidieron organizarlo todo por su cuenta, sin wedding planner, una aventura que, como reconoce Celia, tuvo sus retos, pero también les permitió imprimir su personalidad en cada detalle.
Una ceremonia llena de significado y una noche de verano
Para darse el «sí, quiero», eligieron la iglesia de San Juan del Hospital, en Valencia, un lugar que guarda un significado muy especial para Celia. Es la parroquia a la que siempre ha acudido con su madre, por lo que celebrar allí su boda tenía un componente emocional que iba mucho más allá de la elección estética. «La misa fue súper especial, en una iglesia que tiene mucho significado para mí y para mi familia. Fue mágico».
Después de la ceremonia, los invitados se trasladaron a La Vallesa de Mandor, donde esperaba una celebración concebida como una auténtica noche de verano. La idea era crear una atmósfera luminosa, fresca y desenfadada, con un pequeño guiño al universo del vino y a los orígenes zamoranos de Manu. La uva se convirtió así en uno de los elementos centrales de la decoración, acompañada de velas y amaranto.
El trabajo de El Taller de Clo y Somos Gente de Bien dio forma a este universo estético, en el que la sencillez fue precisamente la clave. Mantelería blanca, composiciones florales naturales y detalles de inspiración campestre dejaban espacio para que la iluminación adquiriese todo el protagonismo. El resultado fue una cena de verano envolvente, con esa mezcla de romanticismo y espontaneidad que caracteriza a las celebraciones que no necesitan demasiados artificios.
El cóctel se alargó entre música en directo de Brit Band, conversaciones y los primeros bailes de una jornada que pronto se convirtió en una auténtica fiesta. «Tuvimos un cóctel largo, mucho baile, muchísimo calor y, por supuesto, mucha diversión. Fue un día increíble, con casi todo gente joven, que hicieron del día todo un festival», cuenta Celia.
Los detalles que convirtieron la boda en algo único
Si hubo algo que definió la celebración fue la voluntad de hacerla verdaderamente suya. Para la cena, Manu y Celia prepararon un regalo muy especial para sus invitados: una baraja de cartas personalizada en la que cada carta representaba a una persona importante de sus vidas, con frases, anécdotas y referencias divertidas.
«Queríamos crear un recuerdo que pudiéramos hacer nosotros mismos y que recogiera un poquito de toda nuestra gente: los suyos y los míos, que desde ese día ya eran los nuestros», explica Celia. Una manera original y emotiva de celebrar no solo su unión, sino también el encuentro de dos mundos que, a partir de entonces, formarían uno solo.
Los testigos también recibieron un regalo hecho a mano. Celia dedicó todo un año a elaborar en Appetit Studio unas piezas de cerámica personalizadas con sus iniciales, un detalle artesanal que reflejaba el cuidado puesto en cada parte de la celebración.
Incluso el ramo escondía una historia familiar. Diseñado por El Taller de Clo, seguía la misma estética silvestre y natural de la decoración, pero incorporaba un pequeño tesoro: un ganchillo de su bisabuela de más de cien años. Un detalle discreto y lleno de significado que acompañó a la novia durante toda la jornada.
Un vestido de novia con la historia de su madre
El look nupcial de Celia fue, sin duda, uno de los grandes protagonistas del día. Lejos de buscar un diseño completamente nuevo, tenía claro que quería recuperar una pieza muy especial: el vestido de novia de su madre. Siempre le había gustado, aunque no terminaba de imaginarse con su forma original. La solución llegó de la mano de la diseñadora Marcela Mansergas, que supo transformar la prenda y adaptarla a su estilo sin perder su esencia.
«Siempre me había encantado y quería llevar algo de ella conmigo, pero no terminaba de verme con la forma. No pudimos conservar la falda original, así que Marcela Mansergas hizo magia y transformó el vestido respetando muchos de sus elementos y adaptándolo completamente a mí».
El resultado fue un diseño cargado de memoria y delicadeza. El plisado original del vestido materno se conservó, mientras que las flores que adornaban la espalda se transformaron en una especie de enredadera que recorría el costado de Celia hasta llegar de nuevo a la espalda. Una reinterpretación contemporánea de una pieza familiar que consiguió unir dos generaciones en un mismo look.
También el velo se alejó de lo convencional. Buscaban algo diferente, con aire veraniego y que respetase el tono antiguo del vestido. Marcela encontró un delicado ganchillo que terminaron utilizando a modo de coronita, aportando un toque romántico y artesanal al conjunto.
Para completar el estilismo, Celia eligió unos zapatos de Ro Studio y unos pendientes de Rabat, un regalo de los padres de Manu. Los escogieron con motivos florales para conectar con los detalles del vestido y mantener la coherencia de todo el look. El maquillaje corrió a cargo de Armani Beauty y el peinado lo realizó una amiga de la familia. Aunque su primera idea era llevar el pelo completamente suelto, finalmente optó por un semirrecogido que permitiera sujetar bien el velo.
La transformación llegó durante la fiesta: Celia se soltó el pelo y cambió el velo por un casquete de Sach Atelier con flores plateadas. Un accesorio que conectaba con los pendientes de Rabat y los motivos florales del vestido, dando al estilismo un aire diferente para bailar hasta el final.
Los complementos también tuvieron un componente artístico y sentimental. Su madre recibió un abanico personalizado de Puntoefiori, mientras que el suyo fue pintado a mano por uno de sus mejores amigos, artista de profesión. Celia quería un pericón lleno de colores de verano y el resultado superó todas sus expectativas.



